domingo, 20 de noviembre de 2011

Marcha Verde





He llorado al ver el vídeo. He llorado porque el verde me emociona; porque el deporte me purifica; porque la solidaridad me enternece; porque la canción del vídeo me trae miles de buenos recuerdos; porque Madrid sigue mostrándome que es una ciudad abierta, tolerante, acogedora, solidaria, llena de gente maravillosa, y porque fue, es y será mi segundo hogar.

He llorado porque me conmueve la fortaleza de los compañeros de Madrid, su creencia firme en  que el  ataque que está recibiendo la Escuela Pública madrileña será parado por su lucha continua, y porque ellos se ofrecen como muros de contención para recibir los golpes: para salvar la Escuela, la que es de tod@s. Es la batalla de David contra Goliat.

Aguirre y Figar difamaron a los maestros, los llamaron mentirosos y vagos. Pero ante cada mentira con la que ellas se llenaban la boca se destapaba una verdad,  y se amplificaba lo que habían dicho ya antes en voz baja ante grupos de empresarios: que quieren que la educación esté en manos del sector privado. No hay dinero para contratar a profesores para hacer desdobles en los centros públicos, pero sí para hacer desgravaciones fiscales a las familias ricas que envían a sus hijos a los colegios privados.

Por eso he llorado, porque los maestros de Madrid me devuelven la esperanza que Aguirre me había quitado.

Por la Escuela Pública.

Gracias, Madrid.

sábado, 5 de noviembre de 2011

¡Cállate, niña!

"¡Cállate, niña, cállate, que no sabes lo que dices!" o lo sabía demasiado bien, todo es cuestión de perspectiva y de quien te escuche. Todavía hoy, con mis 34 años, sigo escuchando esa frase cuando expreso en voz alta alguno de mis pensamientos: "En la escuela pública no debería impartirse la asignatura de religión, de ninguna, puesto que vivo en un estado aconfesional (que debiera ser laico). Quien quiera religión que la estudie en su casa" ...mi compañera me mira incrédula y me dice: "No comentes eso mucho por aquí, que no todos son de la misma opinión", y pienso en lo que dijo Paul Preston en la excelente conferencia que dio el sábado 24 de septiembre en Segovia sobre que España vivía todavía en el post-franquismo sociológico. Ese "¡cállate, niña, cállate, que no sabes lo que dices!" es herencia de un pasado dictatorial de 40 larguísimos años que asoló España. Y otra vez aparece el "cállate, hija" en boca de mi padre, que me explica que con Franco nadie se metió con él, que todo era correcto, que viajaba por toda España y nunca tuvo problemas. Y yo pienso en las personas que se tuvieron que marchar, exiliar, huir, cambiar su vida, por decir algo incorrecto, por escribir algo inapropiado. Pienso en toda la valentía que tuvieron para no obedecer ese "cállate, que te vas a meter en problemas" porque sabían que el problema era precisamente esa capa de silencio de acero y que de todas formas les comería y mataría el alma si no expresaban lo que tenían que decir.