He llorado al ver el vídeo. He llorado porque el verde me emociona; porque el deporte me purifica; porque la solidaridad me enternece; porque la canción del vídeo me trae miles de buenos recuerdos; porque Madrid sigue mostrándome que es una ciudad abierta, tolerante, acogedora, solidaria, llena de gente maravillosa, y porque fue, es y será mi segundo hogar.
He llorado porque me conmueve la fortaleza de los compañeros de Madrid, su creencia firme en que el ataque que está recibiendo la Escuela Pública madrileña será parado por su lucha continua, y porque ellos se ofrecen como muros de contención para recibir los golpes: para salvar la Escuela, la que es de tod@s. Es la batalla de David contra Goliat.
Aguirre y Figar difamaron a los maestros, los llamaron mentirosos y vagos. Pero ante cada mentira con la que ellas se llenaban la boca se destapaba una verdad, y se amplificaba lo que habían dicho ya antes en voz baja ante grupos de empresarios: que quieren que la educación esté en manos del sector privado. No hay dinero para contratar a profesores para hacer desdobles en los centros públicos, pero sí para hacer desgravaciones fiscales a las familias ricas que envían a sus hijos a los colegios privados.
Por eso he llorado, porque los maestros de Madrid me devuelven la esperanza que Aguirre me había quitado.
Por la Escuela Pública.
Gracias, Madrid.