domingo, 10 de junio de 2018

Locura

Si te acercas demasiado al sol, te quemas. Y si te acercas demasiado a la verdad, tocas la locura con la punta de los dedos. Comienza tu alma, entonces, a bailar en la cuerda floja haciendo piruetas mortales sin red que te salve de caer en los abismos de lo demente.

Y cuando lo experimentas, aunque sea sólo una vez, no lo olvidas jamás. 

A mí el paseo por la frontera de la locura me sorprendió camino a Madrid, en un autobús, durante las casi cinco horas de camino, hace ya casi quince años. 

En el letargo de mi viaje mi mente empezó a barruntar, a ir más allá. Observaba las caras de los pasajeros y todo me parecía un decorado de película B de presupuesto bajo. De pronto, ese viaje, mi vida, todas las vidas, me parecían un montaje irreal alejado de mi esencia. Comprendí en un segundo, con una claridad cegadora, que todo era un juego bastante estúpido, que vivíamos en un matrix sin mucho sentido. Cada uno de nuestros instantes eran parte de una gran obra de teatro desplegada, y nosotros, quizás sin saberlo, no éramos más que marionetas de nuestros deseos y de los deseos del grupo. El autobús, la ciudad con sus miles de edificios, los millones de vidas que se viven cada día, las normas sociales absurdas, la maldad del ser humano, la hipocresía, el dolor, los egos desbordados que acechan en cada esquina, la pobreza, la riqueza, el aparentar lo que no es, el afán por agradar al otro... ¿cuál es el sentido de la vida?

En este momento mi cuerpo tembló. Mi alma quería salir corriendo del gran teatro en el que había participado desde su nacimiento, mi esencia no quería doblegarse a vivir en una farsa después de haber vislumbrado el brillo de la Verdad...

...el autobús llegaba a su destino y una cara amiga me sonreía. Bajé y comprendí que el salto al abismo no tenía marcha atrás y que no había red para amortiguar el golpe... así que cerré los ojos, respiré y acepté bailar al compás de las sombras de la cueva.






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