domingo, 28 de mayo de 2017

Maternidades

Maternidades hay miles, infinitas, tantas como madres y bebés en este mundo. Y sentires sobre las maternidades hay incluso más, porque hay emociones que estallan un día y que al día siguiente se contradicen con la emoción actual.

Desde hace un tiempo a esta parte leo artículos sobre maternidades que construyen su idea de maternidad contraponiéndose a otra, como si de un "nosotros" versus "ellos" se tratara. En este enfrentamiento también hay una nueva línea donde se enfrentan las maternidades y las no maternidades, como si una u otra fuera superior.

Sentires hay infinitos. Y en eso está la belleza de la diversidad, que no necesita la contraposición para construirse. Una sociedad donde cada opción vital es elegida en libertad y respeta la libertad del otro no necesita de un fichero clasificador donde se acumulen en compartimentos estanco las distintas visiones de la maternidad que cada quien escoge. Y para hablar de maternidades hay que hablar de sensibilidades. Sensibilidades que llegan desde lo más profundo del ser materno, desde la mirada pura de tu cachorro; desde el amor que se respira en su abrazo espontáneo; desde ese cansancio agotador de noches sin dormir; desde ese "no puedo más", pero sabes que puedes porque te levantarás al día siguiente. Sensibilidades que llegan desde el colectivo, colectivo que abandona a su suerte a las mujeres después de parir sin preguntar si cuentan con red de apoyo; con bajas maternales crueles que obligan a miles de mujeres a incorporarse a su puesto de trabajo cuando ni ellas ni sus cachorros están listas para hacerlo. Silencios. Las maternidades implican silencios ante los consejos que te llueven; las críticas que escuchas; las guerras que se generan entre las maternidades; las imposiciones que caen sin avisar. Silencios guerreros, porque a veces tienen más fuerza que las propias palabras. 

Las maternidades son imperfecciones porque nosotras no somos perfectas, ni aspiramos a serlo. A lo único que aspiro es a poder vibrar con mi cachorro en cada una de sus risas y en cada uno de sus llantos. Sentirlo con cada poro de mi piel. Y dejarle un baúl lleno de amor al que pueda acudir cuando el día de mañana se enfrente a la vida.

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