jueves, 27 de julio de 2017

Pertenencias

Te pertenecen, hija de mi alma, cada lago del Planeta Tierra, cada montaña, cada valle, cada desierto y cada océano. Cada brisa de aire y cada manantial de agua cristalina que encuentres allá donde tus pasos te lleven.

Te pertenecen las estrellas del cielo y el sol de la mañana, la luna de la noche y las nubes que viajan, libres, sin entender de fronteras, por el firmamento.

Te pertenecen, hija de mi alma, porque tu esencia pertenece a su vez a cada uno de los árboles que nos cobija del fuego de la tarde y nos regala el aliento vital.

Y tú perteneces a cada mota de polvo que se levanta cada vez que un nómada posa su andar en un camino de barro y llanto, de alegrías y penas. Perteneces, mi amor, a cada ciudad que crece y explora los límites del ser humano, a cada ciudad que muere; a cada puente construido para unir mundos y a cada muro levantado para alimentar odios.

Perteneces al Universo, al pájaro que vuela libre y cierra sus ojos para disfrutar del infinito, y también perteneces al pájaro enjaulado que grita desesperado y sueña con escapar de su cautiverio.

Perteneces y te pertenecen. Porque vibrarás con cada grito de dolor que expulse el Universo y vibrarás con cada ráfaga de amor que atraviese el Mundo.

Porque a pesar de lo que te digan, a pesar de lo que intenten, el ser humano sólo se salvará cuando se sienta individuo en la colectividad y sienta la colectividad como individuo.

P.D. Jamás desistas, hija de mi alma, de vivir plena y radiante. Jamás desistas de lanzar amor al universo y de borrar el odio que puedas encontrar en tu camino. Gózate y mímate para que tus huellas embellezcan el Planeta Tierra. Vuela libre y hunde raíces. El Mundo te pertenece porque tú perteneces al Mundo. Tu madre que te quiere.






viernes, 14 de julio de 2017

Cien mil

Alimentan nuestros campos cien mil cuerpos de seres humanos. Asesinados. Dicen que los mataron para salvar la Patria. ¿Qué Patria? La del terror. La de la barbarie.

Vagan por nuestras tierras cien mil almas en pena intentando ver la luz que algunos les niegan. Durante décadas el silencio añadió otra muerte a la ya existente. Y los asesinaron dos veces. 

Y porque no queremos vivir en esa muerte ni ser cómplices de sus asesinos iremos a desenterrar sus huesos así sea con nuestras manos. Excavaremos la tierra y nos llenaremos de sangre seca para recoger sus restos y llorarlos con la dignidad que la barbarie aniquiló. 

Mal que le pese a quien le pese. 

Seguiremos recorriendo los caminos de nuestro país para buscar en cada cuneta, orgullosos de nuestros abuelos y nuestras abuelas, de aquellos que soñaron con una España diversa. Porque gracias a ellos, a los sacrificados, a los que se fueron, a los que huyeron, a los que lucharon, a los que se quedaron y vivieron bajo el régimen del silencio pero no olvidaron, reconozco mis orígenes y dejo de ser una apátrida. Y me encuentro con mi país, aquel que un gallego bajito quiso borrar del mapa. Aunque ese país podría ser cualquiera. No conoce de fronteras. Allá donde haya un grupo de seres humanos que se resigne a la injusticia, me sentiré en casa. 

(Y por muchas facturas que envíen para cobrar las exhumaciones, seguiremos exhumando).