sábado, 11 de abril de 2026

Quemar un muñeco, mal. Matar a 72.000 personas, bien

 

 

Véase una balanza. En un platillo, un muñeco quemándose. En el otro, 72.000 cadáveres de seres humanos asesinados.

- ¡No podemos consentir tal ignominia! ¿Cómo se atreven a quemar un muñeco?

La quema de un muñeco genera un conflicto diplomático.

-¡¡¡¡¡¡¿Cómo se atreven a quemar un muñeco?!!!!!!

(Muñeco que representa a un señor que ha asesinado a más de 20.000 menores desde el año 2023).

-¡¡¡Exigimos hablar con la encargada de negocios de ese país de bárbaros quemamuñecos!!!!!

(Muñeco que representa a un señor que se ha convertido en un genocida)

-¡¡¡¡Es inadmisible la falta de respeto hacia nuestro amado líder!!!!   ¡¡Ese país de bárbaros quemamuñecos pagará las consecuencias de tal insulto!!!!

(Y mientras termino de escribir estas palabras, en algún lugar de Palestina o el Líbano un ser humano será asesinado por obra y gracia de ese señor cuyo muñeco se atrevieron a quemar en un pueblo de España).

lunes, 8 de septiembre de 2025

SALIR POR PATAS

 

Un escalofrío ha recorrido mi cuerpo esta mañana cuando me he sorprendido hablando con mi marido sobre la posibilidad de tener que salir por patas de España. El espanto viene al darte cuenta de que estas conversaciones forman parte de la cotidianidad, se han vuelto tema habitual en muchas casas, como quien habla del tiempo. Y es que desde hace un tiempo a esta parte, el ambiente está cada vez más denso, fétido y húmedo.

Íbamos los dos en el coche camino a regarle el huerto a unos amigos que están de vacaciones y la conversación tenía estos tintes:

- ¿Al final le sacamos a la niña el pasaporte mexicano?

-Claro, cuando le hicimos su partida de nacimiento mexicana- le contesto-.  Lo que no sé es si está caducado. Eso tenemos que mirarlo.

-Mi pasaporte mexicano sí está bien, cuando lo hice me dieron 10 años.

-Creo que tengo que renovar mi pasaporte venezolano -añado.  (Ese pasaporte que caducó hace ya más de 40 años, cuando mis padres, españoles emigrantes, decidieron retornar a un país que para mí era más un marco simbólico que una realidad tangible).

-No creo que te hiciera falta. Podrías salir con nosotros en caso de emergencia

-Pues no sé yo. He escuchado casos de familias refugiadas en las que los miembros que no tenían la otra nacionalidad se quedaron varados en la zona de conflicto.

Después de un silencio, mi marido me dice:

-Creo que tal como están las cosas, mejor posponemos la idea de comprar un terreno para hacer una casa de recreo.

Asiento con la cabeza porque sé que las guerras, que las luchas violentas, estallan sin avisar, de un día para otro. Siempre me ha sorprendido que 24 horas antes del comienzo de un conflicto la gente estuviera viviendo con normalidad; que los universitarios fueran a la universidad; los niños y niñas, a la escuela; el albañil, a la obra… Si sabes con certeza que una guerra va a estallar al día siguiente y partirá tu presente y futuro, ¿así es como actuarías el día previo?

El escalofrío no fue por la perspectiva de tener que marchar, sino por la normalidad con la que hemos asumido que esto pueda llegar a ocurrir. ¿Cómo hemos llegado a esto?

Los fascistas han comenzado atacando a los migrantes sin documentos, continúan contra la población magrebí, continuarán con las feministas, las personas de izquierdas, los homosexuales… no se detendrán. Su sueño húmedo es fusilar a 25 millones de españoles que no compartimos su proyecto de país (porque también es nuestra patria, mal que les pese. Llámenme exagerada pero ese exabrupto lo soltó un militar retirado en un grupo de WhatsApp, entre otras lindezas).

La extrema derecha de este país lleva años cargando contra la población migrante. Los últimos acontecimientos de Torre Pacheco no son más que el culmen de una estrategia que estos camisas pardas llevan años aplicando. Tienen financiación tanto nacional como internacional; tienen un brazo armado (Desokupa y grepúsculos afines); un brazo político (VOX) y todo una brazo jurídico y social (Abogados Cristianos y Hazte Oír), además de un brazo comunicativo de pseudo medios que se financian con dinero público.

 Mi familia la componen mi marido nacionalizado español nacido en México; yo, nacida en Venezuela, pero de padres españoles, y una hija nacida en España que crece sana en un país que amamos. Además, para completar la cuadratura del círculo, soy feminista, de izquierdas, creo en el compromiso social y político de los ciudadanos y ciudadanos para mejorar tu entorno. Participo de los movimientos sociales de mi ciudad. Creo en la justicia social. Así que supongo que sí, que mi marido latino racializado, y yo misma, formamos parte de ese grupo de personas que no cabemos en su proyecto para España.

La sociedad civil tiene que reaccionar de forma urgente. Ante un comentario racista entre un grupo de amigos ya no vale el silencio. Sólo la oposición firme y clara, el rechazo frontal al odio que escupen por sus bocas, puede parar esta espiral de violencia.

La comunidad migrante no me genera ni miedo ni inseguridad. Son mis vecinos y vecinas, las personas que trabajan a mi lado, los padres y madres de mi alumnado al que trato de educar en los valores de los Derechos Humanos. Son el otorrino que atendió a mi hija en su última otitis. Es el hombre que trajo a casa la nevera que compré hace unos días. Es el conductor del autobús de mi ciudad y el pescadero del supermercado de la esquina. Así que no, ellos y ellas no me aterran. Me aterra el odio que escupen las bocas de extrema derecha. Me aterra la pasividad de la fiscalía, la “imparcialidad” del sistema judicial que ve delitos de terrorismo en un grupo de ecologistas y de sindicalistas, pero no utiliza esa palabra cuando un grupo de fascistas atacan a un colectivo racializado. Me hiela la médula escuchar a un energúmeno decir que “hay que hundir el Open Arms”.

¿Y qué podemos hacer la ciudadanía? No callarnos. Porque el silencio nos hace cómplices. El silencio concede, quien calla otorga. Así, ante un comentario racista en un grupo de conocidos, no queda otra que alzar la palabra y confrontar.  Nuestras palabras, nuestra posición firme y templada ante el odio y la estupidez son las únicas armas que tenemos para parar esta locura antes de que sea demasiado tarde.

 

 

jueves, 21 de agosto de 2025

SUS RECORTES Y PRIVATIZACIONES NOS QUEMAN

 

SUS RECORTES Y PRIVATIZACIONES NOS QUEMAN

TEXTO LEÍDO EN LA MANIFESTACIÓN DE VALLADOLID DEL 20 DE AGOSTO DE 2025

María Gamallo Planellas

 

Crecí en el Bierzo, en el valle que atraviesan el río Boeza y la autovía A6. En mi retina se quedaron grabadas las montañas que nos rodeaban, sus montes verdes. Mis piernas recorrieron senderos varios del Valle del Silencio, de los Ancares, de Las Médulas.

Crecí celebrando cada otoño la fiesta pagana del Magosto, asando las castañas que árboles centenarios nos brindaban.

Desde que no vivo allí, regreso cada año en el verano a la casa familiar.

Pero esta vez no pude disfrutar de sus bosques de robles, ni visitar sus templos naturales.

Desde el día que llegamos, el 10 de agosto, 5 columnas monstruosas rodeaban mi valle. El fuego implacable devoraba la vida. El azul del cielo desaparecía día tras día para cubrirse con una capa de ceniza. El sonido de los hidroaviones y helicópteros era constante.

El Bierzo, la Cabrera, la Maragatería, el Teleno, la Sierra de la Culebra se queman. Y así podría seguir enumerando regiones y comarcas.

Pero digo mal. No se queman. LAS QUEMAN.

LAS QUEMAN las políticas negligentes de Mañueco. Las queman los recortes y las privatizaciones de Quiñones. Porque todos y todas tendréis presentes las frases de:

- “Mantener el operativo antiincendios todo el año es absurdo y un despilfarro”.

O la última:

- “Tengo la mala costumbre de comer”.

 

Durante 7 días presencié cómo el fuego arrasaba mis montañas, mis recuerdos. Veía, atónica, cómo miles de personas tenían que escapar de sus casas y ser acogidas en polideportivos y albergues.

A los bercianos nos han obligado a convertirnos en protagonistas de una película apocalíptica. Pero esta vez es real.

Pienso en personas como mi padre, de 84 años, y lo que supone para ellos perder sus casas, sus recuerdos tangibles cuando ya la memoria se cubre de un manto de hielo.

La magnitud de esta tragedia sólo podremos valorarla cuando el infierno se apague.

A NUESTRA COMUNIDAD LA QUEMAN.

Hoy somo el Bierzo, Ávila o Zamora. Mañana será la Sierra de Guadarrama en Segovia, o las Melindrades en Burgos.

Nadie está a salvo de sufrir algo así.

Cuatro personas han muerto. Cuatro vidas borradas de la faz de la faz de la Tierra. Casas quemas. Pueblos arrasados. Y a mí me han robado los senderos que caminaba de joven, me han robado el verde de mis montes, mis bosques de robles, castaños, encinas…

HOY NUESTRA COMUNIDAD ESTÁ DE LUTO

Por eso hoy, desde aquí, tenemos que pedir responsabilidades políticas, económicas y penales.

Porque esta tragedia tiene nombres y apellidos.

Porque sus políticas privatizadoras nos queman y nos matan.

No tenemos Planeta B.

QUIÑONES DIMISIÓN

MAÑUECO DIMISIÓN.

Gracias.



                                   GALERÍA DE IMÁGENES


Almázcara, 11 de agosto de 2025

Lo que queda después de un incendio de nivel 2.









Desde el balcón de la casa de mis padres.

San Miguel de las Dueñas, 15 de agosto de 2025






San Miguel de las Dueñas, 16 de agosto de 2025






Ponferrada, 17 de agosto de 2025





miércoles, 31 de octubre de 2018

Mochilas

Dedicado a mis compañeras y compañeros. A mis alumnos y alumnas. Por valientes.

Cada mañana mis niñas y niños se colocan en la fila para entrar en la escuela con sus mochilas a la espalda. Algunas son de colores llamativos. Otras, de equipos de fútbol o de los dibujos de moda.

Son mochilas que llevan y traen libros y cuadernos, lápices y agendas, los almuerzos y botellas de agua. Pero algunas traen, además, un desayuno no tomado, unos gritos escuchados al salir de casa, un insulto y un bofetón. Y si seguimos mirando encontramos la soledad de una madre, que lucha por sacar a su hijo adelante porque el padre de desentendió de ellos hace ya meses y no tiene quien le eche una mano. Entre las costuras gotean las lágrimas de una niña que lleva tres años ya sin ver a sus padres porque viven al otro lado del Atlántico. Y se escurre densa la desesperanza de un padre que se cansó hace ya tiempo de esperar una llamada telefónica que le ofreciera un trabajo. Asoman los zapatos rotos, un pantalón de chandal con agujeros y unos puños gastados porque los 600 euros con los que tienen que vivir 4 hijos y un matrimonio da poco más que para pagar el alquiler. Y cuando la abres, la mochila vomita la paliza que el padre le dio a su madre porque la cena no estaba preparada en la mesa.

Todo esto me encontré una mañana al entrar a clase en algunas de las mochilas.

También mil sonrisas acompañadas de un buenos días.

Así, entre letra y letra, coloco una píldora de amor en un bolsillo de pantalón; entre número y número, una mirada de admiración por una brillante respuesta; entre un hello y un bye-bye, un caramelo de esperanza. Y a lo largo de la mañana vamos llenando las mochilas con mimos, y alegrías para que tengan refuerzos para afrontar sus noches y sus días.

viernes, 15 de junio de 2018

Fuego

Antes de que el Hombre Blanco domesticara las inmensas llanuras del Medio Oeste americano, las Tallgrass Prairie, o praderas de hierba alta, ejercían su dominio desde el Río Bravo hasta tierras canadienses. Éste era el hogar para numerosas tribus de nativos americanos (Sioux, Dakota, Lakota, Apaches, Cheyennes...) Nómadas o semi-nómadas que seguían al bisonte, que les proveía de casi todo lo que necesitaban para su existencia. En estos campos las herbáceas se alzaban, en ocasiones, hasta los dos metros. 

Las noches sucedías a los días y el invierno a la primavera, los viejos morían y los bebés nacían. El animal peludo, rey de las praderas, pastaba plácido mientras escuchaba las sinfonías compuestas por el viento e interpretadas por las plantas. 

Y como motor de esta existencia, el Fuego. Fuego que irrumpía con furia desatada durante tormentas en las que los cielos manifestaban todo su poder y rabia; relámpagos kilométricos que durante segundos hacían retumbar las entrañas de la tierra. 
Entonces aparecía una chispa minúscula, insignificante que prendía en un viejo tallo seco, decrépito que se convertía en ausencia de vida mientras la chispa aumentaba su tamaño y saltaba al tallo contiguo hasta convertirse en un mar de llamas que sólo se apagaba cuando había saciado su apetito de destrucción. 
Pero la muerte que había provocado sólo duraba un segundo, el segundo que transcurría desde que la última chispa se desvanecía en la nada y el resurgir de la vida. 

El fuego traía, a través de la muerte, el nacimiento. Sólo con sus llamas se conservaban vivas las Tallgrass Prairie. 

Así, décadas después de haber domesticado estos espacios, de cambiar el bisonte por las vacas y exterminar a los nativos americanos, algunos Hombres Blancos sintieron el escalofrío de la pérdida de la belleza de aquel paraje y añoraron algo que nunca habían conocido. 

Intentaron traer a la vida esas praderas extensas de hierba lo suficientemente alta como para borrar de la vista del horizonte a un hombre a caballo. Lo intentaron todo, pero las hierbas altas como gigantes no volvían.

Entonces, el hombre Blanco, aquel que se creyó y cree dios del Planeta, amo de sus bestias y dueño de sus plantas y tierras; aquél que necesita controlar, dominar, mandar y obedecer para sentir una seguridad ficticia, comprendió que la libertad no se domestica; que la muerte y la vida sólo están separados por un segundo interminable que abarca el alfa y el omega. Y comprendió que el fuego incontrolable, salvaje y libre es el demiurgo de estas tierras. 

domingo, 10 de junio de 2018

Locura

Si te acercas demasiado al sol, te quemas. Y si te acercas demasiado a la verdad, tocas la locura con la punta de los dedos. Comienza tu alma, entonces, a bailar en la cuerda floja haciendo piruetas mortales sin red que te salve de caer en los abismos de lo demente.

Y cuando lo experimentas, aunque sea sólo una vez, no lo olvidas jamás. 

A mí el paseo por la frontera de la locura me sorprendió camino a Madrid, en un autobús, durante las casi cinco horas de camino, hace ya casi quince años. 

En el letargo de mi viaje mi mente empezó a barruntar, a ir más allá. Observaba las caras de los pasajeros y todo me parecía un decorado de película B de presupuesto bajo. De pronto, ese viaje, mi vida, todas las vidas, me parecían un montaje irreal alejado de mi esencia. Comprendí en un segundo, con una claridad cegadora, que todo era un juego bastante estúpido, que vivíamos en un matrix sin mucho sentido. Cada uno de nuestros instantes eran parte de una gran obra de teatro desplegada, y nosotros, quizás sin saberlo, no éramos más que marionetas de nuestros deseos y de los deseos del grupo. El autobús, la ciudad con sus miles de edificios, los millones de vidas que se viven cada día, las normas sociales absurdas, la maldad del ser humano, la hipocresía, el dolor, los egos desbordados que acechan en cada esquina, la pobreza, la riqueza, el aparentar lo que no es, el afán por agradar al otro... ¿cuál es el sentido de la vida?

En este momento mi cuerpo tembló. Mi alma quería salir corriendo del gran teatro en el que había participado desde su nacimiento, mi esencia no quería doblegarse a vivir en una farsa después de haber vislumbrado el brillo de la Verdad...

...el autobús llegaba a su destino y una cara amiga me sonreía. Bajé y comprendí que el salto al abismo no tenía marcha atrás y que no había red para amortiguar el golpe... así que cerré los ojos, respiré y acepté bailar al compás de las sombras de la cueva.






sábado, 16 de diciembre de 2017

Ecuador

Llego al ecuador de ese viaje al que llaman vida.
Llego con esencia de nieve en el pelo,
recuperando las palabras perdidas por el camino,
allá a la altura de la adolescencia.

Llego y me libro de la añoranza que, pesada, me acompañaba hasta ayer;
ese añoranza que revivía con melancolía los momentos pasados,
los amigos perdidos o abandonados (o aquellos que abandonaron).

Me reconcilio con la soledad, mi compañera.
Ya no huyo de ella ni me avergüenzo de vivir en sus latitudes.

Llego al ecuador con la serenidad de quien habla a diario con sus sombras
y las visita como a viejas amigas,
de quien sabe que sólo viviendo entre ellas se puede disfrutar de su luz.

Llego al ecuador mirándome de frente, sin tapujos,
apreciando mi valor
y reconociendo mis virtudes.

Llego al ecuador aireando heridas cubiertas de podredumbre
que sanan al respirar al abierto.

Llego. Y abrazo mi alma.

Y con cierto pudor digo que la felicidad me embarga.
Una felicidad tranquila, calma,
que nace de la confianza en uno mismo (a pesar de los momentos de duda),
serenidad que nace del respeto hacia tu Ser.

Llego con la mirada intensa, mirada que distingue entre el Bien y el Mal,
pero que no daña porque reserva su fuerza indómita para correr libre sólo por mi alma.
Mirada que sólo se desboca cuando quiero que su poder haga efecto.

Cierro los ojos y siento la Sabiduría de las ancianas,
el Valor de los ancianos,
la Perseverancia de los olvidados.

Y siento que la Esencia del Universo se condensa en mi Alma.
Estoy en Paz.



sábado, 9 de diciembre de 2017

Mil años

Hace mil años un pedazo de mí caminaba por la Tierra, con sus temores, con sus miedos, con sus angustias y sus amores. Y dentro de otros mil, otro pedazo de mí girará su cabeza al pasado y su alma temblará como tiembla hoy la mía al percibir cómo se diluye en la inmensidad del tiempo.

Se diluye pero no desaparece. Cada esencia que se une a esa corriente universal eterna que jamás cesa aporta lo mejor y lo peor de sí misma, y así enturbia o limpia el manantial de vida del que todos formamos parte.

Cuando comprendes que cada pensamiento, palabra, acción o sentimiento vivido influirá en la vida de los todavía no nacidos, y sientes como propio el dolor de los que te precedieron, no te queda otra que asumir tu responsabilidad para contigo misma para sanar viejas heridas; heridas centenarias que se fueron pasando de padres a hijos, de abuelos a nietos, así hasta el origen de los tiempos. Sabes que para sanar el futuro es necesario sanar el pasado, y todo ello pasa por sanar el presente. Y sabes que para mimar al mundo, para llenarlo de amor, primero tienes que acoger y amar a tu Niña Interior que llora asustada sin comprender las Sombras que la acechan.

Puedes cerrar los ojos, esquivar esos espectros oscuros, alejarlos durante un tiempo. No importa. Ellos son eternos y su paciencia inagotable. Saben permanecer quietos, silenciosos. Pero están. Su presencia es palpable, como la humedad acumulada durante décadas en la bodega de una casa vieja de pueblo abandonada. Y al igual que cuando abres por primera vez ese viejo caserón el aire enturbiado apenas te deja espacio para respirar, cuando las Sombras aparecen, tu mundo tiembla a tus pies. Las telarañas que fuiste colocando en tus propios ojos para no ver van cayendo y así despiertan dolores que llevaban anestesiados muchos años. El dolor está y tienes que convivir con él un tiempo. Pero para poder ver con la mirada limpia, para poder mirar en la profundidad de los tiempos, para poder atravesar los mil años del pasado y comprender los mil años del futuro, no hay más solución que limpiar legañas y almas.

La tarea es titánica. Respira hondo. Da el primer paso. Y ahora otro. Sumérgete en el presente y disfruta del camino. Así iremos limpiando, poco a poco, entre todos, ese manantial de vida llamado Humanidad.



domingo, 19 de noviembre de 2017

Ángeles y Palabras



PALABRAS Y ÁNGELES

Las palabras, siempre ellas. 
Palabras que matan, que sanan, que hablan, que ciegan.

Supe de su poder cuando hace años, quizás en otra vida, 
el ataque de una de ellas hirió mi alma de niña 
quedando mi cuerpo a la deriva. 
Y por ello enmudecí durante años. 

Me convertí en una escritora sin libros, 
en una poeta sin versos.

Pero yo sabía...
... y ellos también. 

Los ángeles se materializaron en carne y sangre, 
y parí a uno de ellos.
Se abrieron mis entrañas, me partí en dos.
El olor a soledad apestaba la sala.
Y tres luces surgieron entre las sombras,
tres luces tenues 
que susurraban historias y versos a mi niña interior.

Y las palabras obraron su milagro.
Las telarañas cayeron de mis ojos 
y abracé mis sombras sin miedo,
pues gracias a su oscuridad pude ver sus destellos. 

Y entonces llegaron con toda su luz.

Mi pecho tomó aire.
Mi mente bebió consciencia.
Mi corazón se nutrió de amor.

Y supe (el Verbo se hizo Mujer).

Hágase vuestra voluntad.