martes, 20 de junio de 2017

Niña interior

Mi niña interior se asustó. Yo corrí para ayudarla, pero no me quería escuchar. El miedo se apoderó de su cuerpo, su mente y espíritu, y sólo sabía sollozar encogida en un rincón. Yo le tendía los brazos abiertos para abrazarla y explicarle que los monstruos, que esos viejos y feos monstruos que existieron en un pasado, habían muerto hace ya tiempo.

Entre sollozo y sollozo me decía que el Monstruo de la Rabia intentó atraparla. Un hombre largo, oscuro, hecho de sombras y ropas viejas grises, con los dedos largos y huesudos. Que ella intentó esquivarlo con risas y buen humor, pero que siguió peleón hasta que ella se convirtió en un ser muy chiquito e indefenso, y optó por hacer lo que siempre había hecho: huir corriendo para refugiarse en su dolor.

Ya entre mis brazos, sintiendo el calor del amor, continuó hablando algo más tranquila.

-¿Sabes? Cuando el Monstruo de la Rabia quedó atrás, llegó el Monstruo de la Culpa.

Claro que sabía, ¿como no saber, mi bella niña? ¿Cómo olvidar todos esos monstruos que te persiguieron y que todavía intentan abrir la puerta de nuestro presente?

-El Monstruo de la Culpa es una larga serpiente verde alada, con la cabeza cuadrada, con ojos negros. Yo la veía avanzar hacia mí, pero nada podía hacer, estaba contra la esquina de la pared. Así que comenzó a enroscarse desde mis pies para ir subiendo lentamente hasta que llegó a mi cabeza. Abrió su boca gigante y comenzó a tragar mi alma. Para luchar contra ella no tenía más arma que mi odio. De eso se alimenta ese viejo reptil, del odio que provoca su contacto.

Mientras ella hablaba, yo asentía con la cabeza, Bien conocía su historia, pero por primera vez en mi vida, era capaz de escucharla, no de vivirla.

-Entonces, el Monstruo del Odio se apoderó de mí durante tres noches y tres días. Es un gran agujero azul oscuro que se mueve en espiral y que escupe fuego. De su boca nacieron tormentas que destrozaron mi pequeña isla de paz, truenos que quemaron los bosques y el agua de los manantiales quedó sucia y no potable. Y cuando todo quedó destruido y ya nada se podía salvar, el Monstruo de la Soledad llegó para quedarse. Un gran ser vaporoso que se mueve rodeado de una niebla tan espesa que no permite que veas nada de lo que hay a tu alrededor, ni siquiera el amor más cercano. Después de todas estas luchas, ya no tengo fuerzas para nada más.

Mi niña interior volvió al llanto, pero ya más pausado y calmado. Yo seguía abrazándola, acompañándola, y mientras tanto, saqué mi madeja de hilo de Amor Incondicional para tejer una colcha que nos sirviera para protegernos ante esos monstruos.

-Querida niña, nada temas ya. Esos monstruos poco pueden hacer ante el Amor Incondicional.  Todavía tardaremos en terminarla porque este hilo, con el paso de los años, se vuelve quebradizo. Pero poco a poco iremos tejiendo tú y yo una colcha que nos cubrirá y nos protegerá cada vez que lo necesitemos.

Y así, juntas, abrazadas, terminamos por dormirnos, mi Niña Interior y Yo, con un hermoso comienzo de colcha de vivos colores que nos cubría el corazón.










No hay comentarios:

Publicar un comentario